Viaje en el tiempo a Altamira relata la aventura de Arturo, un chico que acude a Altamira con su familia, sin sospechar la sorpresa que le deparará el destino al final de la visita: nada menos que la oportunidad de remontarse atrás en el tiempo hasta llegar la época prehistórica.
Nuestro protagonista tendrá ocasión de conocer a los primeros pobladores de Cantabria y de integrarse en un clan prehistórico como uno más. De ese modo, descubrirá que el día a día de los pobladores de las cavernas poco se parece a la vida actual.
A través de las andanzas de Arturo, el relato nos ayuda a imaginar el proceso que desembocó en la creación de los célebres bisontes de Altamira.
Se trata de una emocionante obra para todas las edades con la que el lector seguramente se implicará hasta el punto de terminar, como Arturo, deseando lo imposible: vivir en dos épocas al mismo tiempo.
Las peripecias del protagonista contribuirán, sin duda, a incrementar la sensibilidad del lector hacia el hecho artístico en general y hacia el arte prehistórico en particular.
El relato plantea, además, una oportuna reflexión acerca del impacto de las nuevas tecnologías en las vidas de nuestros niños y jóvenes, a través de un personaje preadolescente, inmerso de lleno en la sociedad actual y sus contradicciones. El desarrollo de la trama nos permite comparar la falta de comunicación derivada del uso excesivo de redes sociales con el modo de vida de los grupos humanos de la época prehistórica, en el que necesariamente quedaba resaltado el valor de lo colectivo, así como cualidades como la valentía y el compañerismo.
Asimismo, la historia incluye un personaje que padece una discapacidad visual y sufre sentimientos y frustraciones propios de esta circunstancia. Su historia nos permite empatizar con los problemas cotidianos a los que se enfrentan las personas que se encuentran en una situación similar.
Es esta una obra de sensibilización al arte, pero también propone una cuestión esencial para el desarrollo de las jóvenes generaciones, como es la educación de la mirada. La conclusión del relato es que el protagonista aprende a ver. En este sentido, Viaje en el tiempo a Altamira puede interpretarse como la historia de un preadolescente que aprende a prestar atención a lo que es verdaderamente importante.
María Arozamena Quijano es también autora de La piel del elefante bajo la lluvia, crónica de un acoso escolar, y de El enigma Errandonea, aventura en clave literaria que transcurre en diversos escenarios de la comunidad autónoma de Cantabria. Es Licenciada en Filología Hispánica y Filología Inglesa por la Universidad de Salamanca.
Laura Súa Campo ha desarrollado una intensa labor como ilustradora, colaborando con editoriales como Santillana Ediciones, McGraw Hill o Editorial Vicens Vives y con las revistas Quo o Mujer Hoy. Ha ganado concursos de cartelería y cómic, entre los que destaca el Pancho Cossío. Es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca.













Los Cántabros N06 













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